Cuando la ciudad creció sobre los antiguos caminos de la selva, el jaguar encontró otras sombras donde caminar. Aprendió a moverse entre callejones y reconoció en los muros una costumbre que los hombres aún conservaban: dejar señales de su paso por el mundo.
Oliver Trauma, artista y grafitero del sureste de México, le dio rostro a este guardián de la calle. Así nació Street Balam: una pieza para llevar consigo su presencia y recordar que, mientras haya alguien dispuesto a dejar huella, el jaguar tendrá territorio que proteger.